dattoinfo1.gif
  • Joaquín Montes

¿Cómo podría Trump gravar las importaciones mexicanas?

¿Cómo podría Trump gravar las importaciones mexicanas?

La nueva administración estadinense ha avanzado la idea de gravar las importaciones mexicanas como una manera de pagar por la Gran Muralla de los Estados Unidos. ¿Cómo podrían tener éxito con esta propuesta?

Si no quieren simplemente renunciar a su condición de miembros de la Organización Mundial del Comercio (OMC), la nueva administración estadinense enfrenta limitaciones para hacerlo: no puede dirigirse únicamente contra las importaciones mexicanas; no puede ser algo dirigido contra todos los productos, o bien, no puede ser un arancel de ese tamaño. ¿Cuáles son las vías disponibles para hacerlo?

Estados Unidos es uno de los pocos países del mundo que aún no ha adoptado el mecanismo del IVA (Impuesto sobre el Valor Agregado), razón por la cual la propuesta no es tan loca como pudo haber parecido al leer las primeras noticias al respecto. Podría ser realista, incluso dentro de las reglas de la OMC. Estas normas permiten la exención de exportaciones y la imposición de importaciones pero sólo para impuestos indirectos, esto es, aquellos que modifican directamente el precio de los productos, como el IVA.

En esta primera sección veremos qué sucede cuando se produce un cambio del régimen completo y en la segunda parte mostraremos algunos escenarios alternativos que moderan ese cambio total.

Como mecanismo tributario, el IVA es relativamente nuevo. Se creó en Francia en los años cincuenta y se ha ampliado a 135 de un total de 172 países. La historia muestra que una vez implementado, los países aplican con alegría mayores niveles de IVA a lo largo de los años, haciendo un uso cada vez más intensivo de las ventajas de este régimen fiscal.

En su expresión más simple, cada empresa añade una tasa uniforme de IVA sobre sus ventas...

... y descuenta el IVA pagado en sus insumos.

Es simple, fácil de controlar, tiene desincentivos a la evasión, y produce mucha información útil para las administraciones tributarias. Aunque el mundo real es mucho más complejo, con exenciones, tasas diferenciales y relaciones complicadas con el impuesto sobre la renta, en aras de la claridad de exposición, nos atendremos a esta versión simple.

En comparación con un impuesto sobre las ventas, y hablando sólo del mercado interno, para el consumidor final no hay diferencia: en ambos casos el consumidor paga una tasa de, digamos, el 20% y no tiene forma de distinguir un régimen del otro.

Para las empresas, aunque se mantenga el nivel impositivo, la información facilitada a la administración tributaria marcará la diferencia: muestra quién ha recibido el IVA descontado en la declaración tributaria en cada paso de la cadena productiva. Si algún eslabón evade el impuesto, simplemente no puede descontar los impuestos pagados, tal como un consumidor final.

Hay diferencias reales, sin embargo, para los estados subnacionales, que verán reducida su capacidad de modificar los impuestos a su voluntad. Esto ha sido un problema para la India al establecer el IVA. La Unión Europea tiene un único sistema de IVA con diferentes tasas por estado. La simplicidad, por supuesto, no es una de sus ventajas.

Otra diferencia importante se puede encontrar en las operaciones con el exterior. Las importaciones deberían pagar IVA en la frontera para igualar las condiciones de los productos importados y nacionales. Esto es lo correcto si las exportaciones han quedado exentas en su país de origen. Como ya hemos mencionado, hoy por hoy esta es la norma, por lo que podemos decir que las exportaciones están, en general, exentas de impuestos.

¿Qué pasa si el otro país no está gravando con IVA? En tal caso, el producto exportado se grava en el país de origen, como cualquier otro ingreso de la empresa productora; aquí podemos ver una especie de doble imposición cuando el producto de la empresa ya gravada ingresa al mercado exterior y paga el IVA. Sin embargo, las normas de la OMC no permiten ninguna deducción en los impuestos directos para los exportadores, ya que eso sería idéntico a un subsidio a la exportación, práctica prohibida por las normas de la OMC.

Este diseño instituido en las normas de la OMC tiene apoyo teórico. Para las empresas del país sin IVA, las importaciones son más baratas y dicha ventaja debe ser -globalmente- equivalente al extra-costo que pagan sus productos exportados.

En teoría, no hay diferencia: si un país cambia de un régimen de impuestos sobre los ingresos (con impuesto a las ventas) a un régimen de impuesto al valor agregado, debemos esperar que su moneda se aprecie, sobrellevando el peso de este cambio, puesto que en un primer momento habría un impulso a las exportaciones y un desincentivo a las importaciones, que requeriría una apreciación del tipo de cambio para restablecer el equilibrio.

Una primera conclusión, bajo el escenario un cambio total de régimen tributario a un sistema de Impuesto al Valor Agregado: podemos esperar grandes cambios nominales que, sin embargo, se contrarrestarán unos a otros.

Una segunda conclusión: en caso de un cambio completo del régimen, es evidente que será plenamente compatible con las normas de la OMC. Y una última conclusión, derivada de aquí: un cambio de régimen cubre más que las importaciones mexicanas y se aplicará necesariamente a todos los países; al menos, todos los países de la OMC.

2 vistas0 comentarios