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  • Joaquín Montes

COLOMBIA: UNA CRISIS QUE NO FUE

Los colombianos hemos paseado atolondradamente por la peor crisis del sector externo de toda nuestra historia; de manera negligente hemos visto, sentido y vivido la crisis de nuestros vecinos, que se hunden en fosas nunca vistas, como Venezuela, o que quedan estancados por décadas, como Ecuador; enceguecidos ante esos problemas, como si no estuviéramos recorriendo el mismo camino; cuando en realidad deberíamos estar estupefactos de haber tenido la suerte y la destreza de no estar en el mismo cráter humeante; y estamos en él. Todos somos exportadores de petróleo y el petróleo tuvo una baja de precio monumental.

Antes de entrar en materia, miremos los hechos más importantes de la crisis y post-crisis petrolera.


Desde el inicio de la política de apertura económica Colombia ha sufrido transformaciones económicas sustanciales. El aparato productivo ha sufrido presiones gigantescas, en particular, la industria y la agricultura: a la baja de aranceles y en general, a la política menos agresiva con los productos extranjeros, se les sumaron las presiones de la creciente producción china y la coyuntura, en ocasiones muy favorable, del mercado de los combustibles. Al tiempo que China se convertía en la fábrica del mundo, descubríamos petróleo y carbón, productos que desplazaron al café, que durante un siglo fue el producto que nos vinculó al mercado mundial.

A pesar de estas presiones, la reducción del aparato industrial colombiano está en linea con la ocurrida en el mundo, como en Francia o en Estados Unidos, o en la misma China; resulta menos drástica que la ocurrida en Brasil o Argentina. Y se mantiene en su nivel, un punto por debajo del promedio latinoamericano y del promedio mundial. No parece que la apertura haya sido la causante de la disminución del tamaño de la industria, detrás se adivina un cambio estructural y de la tecnología.


LA CRISIS PETROLERA 2013-2017

En los últimos cinco años la tortilla energética se volvió y Colombia enfrentó la peor coyuntura externa de la historia: entre 2013 y 2015, las exportaciones totales cayeron 47% y en respuesta, la devaluación fue un masivo 50%. Pero a diferencia de la Gran Depresión, cuando nuestras exportaciones cayeron en un nivel similar o incluso menor (entre 30% y 50% según la métrica y el autor), o a diferencia de la Década Perdida, cuando cayeron 24%, en esta oportunidad la caída de exportaciones no se saldó con una depresión, ni si siquiera con una recesión. El producto ha seguido creciendo, no solo a diferencia de las crisis históricas, sino también a diferencia de lo ocurrido con otros países petro-dependientes, y en particular, en agudo contraste con el estancamiento ecuatoriano o la fatal crisis de Venezuela. Además, ambos países eran los destinos principales de nuestras exportaciones menores, así que el golpe petrolero fue doble: el directo del precio y el indirecto de las exportaciones a nuestros vecinos, también petroleros.

Aquí en Colombia a nadie le intrigó cómo evitamos el cráter. Nadie se sorprendió de que, en plena crisis petrolera, y entre los países petro-dependientes, el desempeño económico de Colombia haya sido el mejor, muy por encima de Ecuador y Venezuela, por supuesto, pero también mejor que países de menor petrodependencia como México o Canadá. Y mucho mejor que países con igual petro-dependencia, como Noruega, Rusia o Arabia Saudita.

Muchos autores, entre ellos el historiador David Bushnell, caracterizan al país por el hábito de de reconocer lo malo y desconocer o incluso negar lo bueno. Aquí es evidente.


ALGUNAS RESPUESTAS A PREGUNTAS QUE NO NOS HEMOS HECHO

A contravía de los análisis corrientes, la apertura financiera que acompañó la internacionalización de la economía colombiana puede haber resultado más importante que la baja de aranceles, la mejora de los puertos y el transporte interior, la suscripción de TLCs, etcétera.

¿Por qué no hemos caído en una depresión como la de los treintas? La caída de exportaciones fue similar, ¿O en una recesión como la de la década pérdida de los ochentas? La caída de exportaciones en ese entonces fue menos drástica.

La explicación está en el financiamiento del país, que en la actualidad se hace masivamente en pesos, gracias a un mercado de capitales que hoy por hoy es amplio y profundo y permite que extranjeros traigan dólares para, invertir en papeles... ¡en pesos!

Así, el peso se devalúa en 50% y el gobierno no sufre impactos negativos, ni las empresas ni bancos se ven abocados a la quiebra. Bien diferente de la situación de 1982-84.

Tenemos un país diferente.


¿QUÉ ESPERAR PARA EL FUTURO?

Para el futuro de Colombia, el oro negro es clave; y su futuro es de su color: negro. Según los mejores datos (Stranded Nations) el 30 a 40% de las reservas de petróleo se quedarán bajo tierra y si hablamos de petróleos pesados, dicha cifra puede ser mucho mayor. Ni hablar del carbón: el 90% de las reservas de carbón quedarán bajo tierra. En nuestros dos videos relacionados: Peak Oil y Una Colombia sin petróleo les mostramos qué es y cómo será la debacle de los combustibles fósiles.

Si las reservas de combustibles no tendrán valor en una o dos décadas, hay varias preguntas a responder. La primera,

1. ¿Cuál será el plazo de la transición a un mundo de energía no-fósil: un año, una década, algún siglo? De nuestro video sobre peak-oil se deduce un plazo que se cuenta en décadas: una o dos décadas. Una empresa petrolera como BP considera en sus escenarios para las siguientes dos décadas eventos como la prohibición de los motores de combustión interna o el hecho de que ya no haya necesidad de más refinerías. Y si lo dice una empresa petrolera como BP, póngale la firma!

Ahora bien, si tenemos apenas algunos años para prepararnos, hay preguntas urgentes que contestar. Entre ellas:

2. ¿Podemos seguir viviendo de nuestro mercado de capitales? Ese es un escenario posible, pero los mercados de capitales son volubles y confiar el futuro del país en flujos de inversión directa y de cartera que cubran el vacío que dejará el petróleo es una receta suicida. Más aún, porque buena parte de la inversión directa vino precisamente para explotar el petróleo.

Así que la pregunta de fondo en realidad es,

3. ¿Qué producto o servicio puede reemplazar a los combustibles como vínculo de Colombia con el mundo? ¿Qué espacios se están abriendo para Colombia en los mercados mundiales, qué hay que hacer para ocupar esos espacios?

Aquí no alcanzaremos a ensayar las respuestas. Me parece mucho más urgente plantear la pregunta y llamar la atención sobre el atolondramiento con que los colombianos hemos paseado por encima de esta crisis que no fue, y plantear la discusión sobre qué hará Colombia sin petróleo, hoy por hoy una huérfana en la discusión de economía y política.

Pregunta que debería ser igual o más importante para Venezuela (si bien menos urgente, hay otros temas que los ocupan...); y para Ecuador, también.

Arabia Saudita ya se planteó la pregunta y las respuestas están a la vista. Nosotros estamos tarde.

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