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  • Joaquín Montes

EL ESCENARIO DE UNA COLOMBIA SIN PETRÓLEO


Hasta hace pocos meses, el escenario de una Colombia sin petróleo no era un riesgo considerado en las proyecciones. Sin embargo, el hecho de que Ecopetrol esté reorientando su exploración hacia el golfo de México nos da una señal de alarma. Con apenas seis años de reservas, Colombia debería estar considerando seriamente ese escenario. Puede ser cierto que los pocos años de reservas no sean un factor clave, pues los pozos se encuentran o explotan al ritmo al cual se agotan otros. Pero en contravía de lo sugerido, aquí no vamos a discutir el concepto de peak-oil tradicional, esto es, cuando el petróleo se agota por agotamiento de los pozos. En un video ya publicado mostrábamos que una nueva vision sobre el peak-oil nos lleva a prever un agotamiento de la demanda, no de la oferta.

Veamos entonces los factores claves.

Los escenarios energéticos se miden normalmente en décadas, pues los proyectos petroleros, carboneros, hidroeléctricos, etc son todos de larga maduración y larga duración. Pensando en las siguientes décadas, hay varios factores claves a considerar:

LOS PRECIOS: Desde el momento en que se decide adelantar un proyecto petrolero (sísmica para la exploración) hasta su puesta en producción comercial, pueden pasar entre cinco y diez años. Los precios que harían rentable un proyecto petrolero hoy, son los precios en las décadas de los 20s y 30s.

EL CAMBIO CLIMÁTICO: Si vamos a hablar de décadas y no de años, entonces el cambio climático es un factor ineludible. Incluso un negacionista debe considerar el hecho de que a lo largo de las siguientes décadas las políticas estarán en contra de la emisión de carbono; incluso si el gobierno no lo quiere, como lo está mostrando el caso de Estados Unidos, donde los estados van a aplicar las políticas que el gobierno federal no quiere aplicar. Los que no somos negacionistas deberíamos estar esperando el evento catastrófico que, de aquí a una o dos décadas, le dará el vuelco a la política ambiental mundial; como por ejemplo el cambio de dirección de la corriente del Golfo, o el descongelamiento del Permafrost ártico y la liberación del metano en él contenido; o una acidificación de los océanos que amenace la pesca y la vida marina; o una catastrófica estación de huracanes o monzones; o el corrimiento de la barrera de Ross y la consecuente elevación del nivel del mar. En caso de uno (o varios) de tales eventos, el riesgo a considerar es que el mundo se decida, súbitamente, a endurecer el objetivo, para reducir el calentamiento incluso por debajo de 1,5 Cº.

LAS RESERVAS MUNDIALES: Los mejores cálculos indican que bajo las actuales condiciones, el 90% de las reservas de carbón quedarán en tierra, así como la mitad de las reservas de petróleo; en particular, los petróleos pesados se quedarán en su mayoría bajo tierra (en Stranded Nations están los cálculos aquí usados). Para Colombia, en particular, esto ya comienza a ser un hecho: El Reino Unido generaba hace apenas cinco años el 20% de su energía con carbón. Hoy, al 2017, el carbón contribuye con apenas el 3% de la generación eléctrica del Reino Unido. Y Colombia es el principal proveedor de carbón en este mercado.

LAS RESERVAS COLOMBIANAS: De manera similar a Venezuela, buena parte de las reservas del país consisten en petróleo ultra-pesado: breas como las extraídas en Castilla y Rubiales, que requieren algún disolvente líquido adicional para ser transportadas por oleoducto. Eso era lo que veíamos en los años de bonanza, cuando innumerables tractomulas viajaban a los Llanos llevando algún tipo de nafta para que la brea extraída pudiera bombearse por un oleoducto. Con los precios en los cuarenta dólares por barril ese comercio no va más, y vemos ahora enormes parqueaderos de tractomulas esperando algún otro uso alternativo. De otra parte, las reservas de carbón de Colombia son muy abundantes; lo cual nos plantea el dilema de si deberíamos usarlas o no.

EL AVANCE TECNOLÓGICO: En la actualidad, y dependiendo de las circunstancias del mercado, en muchos casos la energía solar sin subsidios ya es competitiva en costos con el carbón, el más barato de los combustibles fósiles. El ritmo de avance de la tecnología ha sido estable y espectacular, con un ritmo exponencial, no muy diferente al de la ley de Moore sobre el avance del poder de la computación. Es por ello previsible que la mayoría de los nuevos proyectos energéticos en el mundo se hagan de ahora en adelante sobre energías limpias, mientras que el parque de generación actual quede como apoyo frente a la insuficiencia de almacenamiento de las energías que enfrentan este tipo de energías.

CONTAMINACIÓN URBANA: La contaminación en las ciudades, en particular en India y China, está obligando a esos países a un tránsito mucho más rápido a la electrificación del transporte. El primer productor y consumidor de carros eléctricos no es ni Estados Unidos ni Europa: es China. India promete pasar su parque automotor a la electricidad para 2030, a un ritmo más acelerado que que Francia o Gran Bretaña.

La previsión más razonable en el período a considerar, esto es, las dos décadas siguientes, es el de un endurecimiento de los acuerdos climáticos internacionales; esperar el status-quo es un error.

Para Colombia, por tanto, el escenario a considerar es el de una reducción de los precios y las cantidades exportadas de carbón y una reducción en la producción de petróleo y la desaparición de exportaciones de petróleo crudo. Es difícil imaginar, tanto del lado de la oferta como del lado de la demanda, escenarios diferentes. Incluso apostándole a la lotería de encontrar más petróleo, éste debería ser liviano, pues el grueso de las reservas de esa brea que se produce en Castilla y Rubiales quedará bajo tierra. Ahora bien, apostar el futuro del país a la lotería de encontrar (1) un pozo grande y (2) de petróleo liviano convencional, (3) dentro del territorio nacional, es una apuesta desesperada; y suicida.

Colombia está obligada a pensar en un futuro sin petróleo. Y este es un futuro cercano, que deberá enfrentarse en el próximo período presidencial. Venezuela y Ecuador también deberían plantearse el problema, de la misma manera como Arabia Saudita lo está haciendo.

Paradójicamente, Colombia es un país con enormes ventajas en el terreno de las energías limpias: el consumo es bajo y la producción, en su mayoría hidroeléctrica, es limpia. Colombia bien podría entrar en la carrera del país con el menor consumo de energías sucias per cápita. Pero eso será un tema de un informe posterior.

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