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  • Joaquín Montes

LAS VERDADERAS CIFRAS DE VENEZUELA: RÉCORDS HISTÓRICOS EN PRODUCCIÓN, INFLACIÓN Y SALARIOS

Alucinante. Esa es la palabra para describir la realidad venezolana. inflación al ritmo de un millón por ciento anual desde hace cuatro meses, y acelerando, un salario mínimo de menos de un dólar al mes.

Los números en este momento dejan de tener relevancia: los que acabo de citar ya deben estar obsoletos para cuando este informe salga publicado. El desorden económico está a punto de convertirse en el peor que se tiene registrado, en el mundo, en la historia.


LA HIPERINFLACIÓN

La inflación está siendo medida por la Asamblea Nacional. Se presentan aquí los valores mensuales al lado de los valores en doce meses.

Se observa una creciente aceleración del dato mensual, consistente con una hiperinflación que avanza sin pausa.

La inflación venezolana tendría ya una posición entre las inflaciones más altas de la historia, según la tabla de Hanke-Krus sobre episodios hiperinflacionarios. Con la aceleración de septiembre es casi seguro que alcanzará el top-ten.Y la cosa no puede sino empeorar: la inflación debería sobrepasar holgadamente esos niveles luego de septiembre, pues para septiembre el gobierno hizo un esfuerzo supremo para que el salario integral alcanzara los precios (hay los que dicen que fue un error en una multiplicación; alucinante): lo incrementó 35 veces, o 3400%%. Contando cestaticket y bonos, el incremento será más modesto, pero en todo caso superior al décimo puesto hiperinflacionario, Armenia en 1993, con 438%. Y si sí se llega al 3400%, llegará al octavo puesto. Así que para septiembre, es casi seguro que la hiperinflación venezolana se habrá ganado el noveno u octavo puesto de la tabla de Hanke-Krus. Superará todos los episodios en Latinoamérica. Con la excepción de Zimbabue en marzo de 2007, todos los otros ocho casos son de países en guerra o posguerra, así que podemos declararla la segunda inflación más alta del mundo y de la historia, para un país en paz.

¡Medalla de plata!


SALARIO

Mirando las cifras desde la época del caracazo, el salario mínimo integral ha fluctuado alrededor de los 30 mils bolívares mensuales desde hace tres décadas; pero en el último año, el salario venezolano ha prácticamente desaparecido, pues la inflación agota el salario. Mientras que su valor era todavía creíble hace un año y medio, en la actualidad el valor del salario venezolano es in-cre-í-ble: el salario no paga el pasaje en bus, así que muchos venezolanos prefieren abandonar sus trabajos a pagar el pasaje en transporte público.

Ni siquiera con el incremento de 35 veces el salario regresa al nivel histórico, pues la inflación le gana la carrera; con bonos y cestaticket y ampliando esta sección para poder ver algo en los niveles cercanos a cero, para cuando se pague el salario incrementado, la inflación habrá divido el salario por tres o cuatro, y será necesario un nuevo aumento, incluso antes de octubre.

¿Por qué el salario no podrá mantener ese nivel (relativamente) alto? Pues porque en Venezuela los productos disponibles para la compra siguen disminuyendo: y sin petróleo para exportar, ni electricidad ni transporte para producir, ¿de dónde saldrán los productos para satisfacer tal incremento de la demanda? No habrá, y semejante multiplicación de bolívares buscando qué comprar solo puede ajustarse vía precios.

Pero además por un hecho más oscuro: El gobierno ha entregado de manera eventual pero continua bonos a algunos beneficiarios, con criterio político, a través de un instrumento que inicialmente era interno para el partido socialista, pero que ahora es necesario para cualquiera que quiera medio sobrevivir. Junto con la entrega del subsidio CLAP también de manera política, esto muestra que la depreciación del salario se ha convertido en una siniestra manera de ejercer el control político por la vía del hambre. Es aquí evidente un crimen de lesa humanidad, un genocidio político, a la par de los Gulag de Stalin o los campos de Hitler. Y por cierto, con técnicas heredadas de ellos a través de Alemania Oriental y Cuba. Si bien la justicia cojea, pero llega, esperar sentados a que llegue la justicia comienza a asociarnos también en esta amenaza de genocidio, por omisión.

No se incluyeron todos los bonos, sino los más generales, porque hay algunos muy selectivos y el grueso de la población no los recibe. Para septiembre supusimos que se entrega un nivel similar al de agosto: ya se anunció uno de 70 millones o 700 soberanos.


TIPO DE CAMBIO

En cuanto al tipo de cambio, aquí no podemos decir que se cuenta con una aproximación razonable. Cualquier cifra es absurda y distorsionada. Su medición se ha convertido en un ejercicio de adivinación pues la falta de efectivo hace que la tasa sea una con billetes y otra, cinco veces peor, vía transferencia; además de que la hiperinflación obliga a márgenes más amplios para cubrir el riesgo operacional en las casas de cambio y de que las operaciones vía transferencia bancaria no se puede realizar libremente al interior de Venezuela, así que hay que sumarle el pasaje a Cúcuta y finalmente, el precio de las divisas ya no refleja principalmente el costo de los bienes, sino la necesidad de tener un depósito de valor más estable, como propiedad raíz o divisas e incluso ciertas mercancías durables.

Al final, el margen de compra-venta de la divisa puede decuplicar el valor de la tasa más favorable.

El tipo de cambio del bolívar en Cúcuta, que está determinado por el valor comparado de las mercancías en Colombia y en Venezuela, en efectivo, es cinco veces inferior al tipo de cambio que se aplica a las remesas y casi diez veces el del dólar al interior de Venezuela.

Así que quedamos en la ignorancia acerca de cuál es la tasa que debería aplicar un venezolano en una transacción con dólares: ¿cuatro millones, dos millones, 400 mil? El ejercicio de calcular un tipo de cambio para Venezuela como país es absurdo e inútil.

Encima de eso, el gobierno sortea unos pocos dólares vía Dicom, tasa que va en unos 240 mil por dólar; pero el monto es risible, las últimas subastas asignan menos de doscientos mil dólares.

A ese paso, las importaciones venezolanas deberían sumar apenas 8 millardos, una caída de 30% frente a los once millardos importados en 2017 y de 50% frente a los 15.5 millardos del 2016.


PRODUCCIÓN DE PETRÓLEO

La producción mensual de petróleo de Venezuela no sería un dato muy interesante, pues mes a mes, era antes una cifra aburridamente estable. Sin embargo, en los últimos meses se convierte en la última víctima del desmadre gubernamental. Muestra que Venezuela no es capaz ya de producir ni siquiera petróleo debido a fallas elementales como la falta de inversión en los pozos convencionales declinantes, la falta de licuificantes para mejorar los bitúmenes del Orinoco, los impagos a proveedores de taladros y otros insumos indispensables, la migración o el simple abandono de parte de los trabajadores de PDVSA.

La producción a junio según los informes a la OPEP era de un millón y medio de barriles por día, pero fuentes secundarias indican que la producción se avecinaba a los 1,35.

La caída es de 50 kbpd cada mes a lo largo de 2018. Pero parece que a partir de julio la cosa ha empeorado, pues la toma de los terminales de PDVSA en el Caribe por parte de Conoco impide la carga de grandes barcos al mismo ritmo de la producción. Y si no se pueden llenar barcos, y si los depósitos están llenos, sólo se puede solucionar esto disminuyendo -aún más- la producción.

La última cifra de la OPEP, para julio (datos secundarios) es de uno y cuarto de millón de barriles por día, con una caída aún más acelerada, de cien mil en el flujo.

Se dice que Colombia y Venezuela compiten por ser el país que llegue primero al millón de barriles por día. A este ritmo, Venezuela logrará este triste récord en octubre.


PRODUCCIÓN

Aquí también la revolución bolivariana se llevará una medalla. El colapso de -45% de la economía venezolana desde 2013 hasta 2018 es el peor registrado por cualquier país en paz en cinco años. Sólo se puede comparar con Irán en la revolución de los ayatolás y supera ampliamente a Zimbabue. Los demás casos son países en guerra civil (Liberia, Ruanda, Sudán, Congo), invadidos (Kuwait, Iraq, Libia) o los países ex-comunistas en la horrenda transición de 1992.

¡Medalla de oro!

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