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  • Joaquín Montes

UN IMPUESTO DE AJUSTE EN FRONTERA

En la primera parte concluimos que un cambio total del régimen tributario, de uno basado en el impuesto sobre la renta a uno basado en el IVA, tendría profundas consecuencias, empezando por una apreciación de la moneda. Algunos estudios indican que la tasa de IVA equivalente al actual régimen estadinense es de 20 a 25%, con importantes diferencias sectoriales. Un tal nivel de apreciación del dólar debería tener enormes consecuencias: para los sectores no comerciables dentro de los Estados Unidos, para los mercados de capital de Estados Unidos y para el comercio y los mercados de capital en el resto del mundo. Las implicaciones reales van mucho más allá del limitado modelo teórico con un producto importado y uno exportado en un país pequeño y sin moneda.

En estas circunstancias, la idea de que una apreciación de la moneda se encargará de reequilibrar los cambios en el regimen tributario está lejos de ser realista. Lo peor, el requisito teórico es una apreciación del tipo de cambio real; ¡Podría alcanzarse a través de la inflación!

Una primera debilidad teórica aparece porque el importador y el exportador son normalmente empresas diferentes, por lo que la cancelación de ganancias y pérdidas no puede hacerse dentro de las cuentas de una sola empresa. Para ello hay que instituir un mecanismo de transferencias que, como ya vimos, tiene limitaciones en virtud de las normas de la OMC: no puede instituirse como un descuento al impuesto sobre la renta.

Otro problema en ese modelo teórico simple es la secuencia: un primer impacto se da en los precios de importaciones y exportaciones. Luego, el tipo de cambio se encargaría de equilibrar las cargas, pero este reequilibrio podría ser lento y el estado intermedio podría derivar en uno permanente, antes de que las cosas vuelvan a la normalidad. En particular, se debe tener en cuenta que si el ajuste del tipo de cambio es lento y los precios sobrellevan parte del ajuste, la respuesta de la FED podría descarrilar fundamental y permanentemente el resultado esperado.

Por último, pero no por ello menos importante, una apreciación o una expectativa de apreciación de la principal moneda de reserva del mundo originaría enormes ajustes en las balanzas corrientes y de capital en todo el mundo. Esto, sin embargo, está fuera del propósito de este breve texto.

En vista de los profundos impactos de un cambio total de régimen, es comprensible que el proyecto de ley en el Congreso no apunte a un cambio completo, sino a dar pasos en esa dirección, como el propuesto impuesto de ajuste en frontera. Como cualquier régimen mixto, podría ser complejo de instituir y de gestionar, porque pretende compensar las diferencias entre el régimen del IVA y el actual régimen tributario estadinense. Tratar de hacer esto país por país significa discriminar entre países parte de la OMC, acción igualmente prohibida por las normas de la OMC.

Un impuesto uniforme en frontera podría ser compatible con la OMC, y es este el tipo de impuesto en la propuesta del Congreso: un impuesto fijo del 20%.

Del otro lado, el descuento a los exportadores, debería instituirse como una devolución exacta de los impuestos indirectos, el impuesto en frontera incluido. Como se ha explicado en la primera parte, cualquier devolución de impuestos directos a los exportadores es la definición de subvención en la OMC y está, por lo tanto, prohibida.

Siguiendo este camino, Estados Unidos terminará con un sistema muy similar al IVA: un impuesto único en frontera, que debe ser equivalente a los impuestos directos pagados por los productos nacionales en el mercado interno.

Si bien sería muy similar a un sistema de IVA, el mecanismo propuesto podría ser susceptible de controversias en la OMC.

Sus dos mayores problemas: cómo garantizar que sea ese mismo impuesto el que se aplique a cada producto doméstico que compite con las importaciones; y cómo dar descuentos a los exportadores sin caer en la definición de subvenciones.

Tiene dos desventajas prácticas adicionales: no tendría los beneficios informativos de un IVA y el acuerdo entre el gobierno federal y los estados parece lleno de dificultades.

De hecho, esto ya ha sido probado y desechado en anteriores legislaturas en el Congreso de EE.UU., debido a los problemas ya mencionados.

CONCLUSIONES:

La extensión progresiva del sistema del IVA en todo el mundo en el último medio siglo ha dejado a los EE.UU. como uno de los pocos países fuera de él. Este hecho plantea desventajas aparentes para los exportadores e incentivos para las importaciones.

Cualquier ajuste tendría un componente cambiario, esto es, una apreciación del dólar, que teóricamente, compensará dichos incentivos y desventajas. Sin embargo es ingenuo pensar que el tipo de cambio sobrellevará la carga total y exacta del ajuste. En un enfoque más realista, debe prestarse la suficiente atención al papel central del dólar estadounidense en los mercados de capitales, a las regulaciones comerciales internacionales y a la posibilidad chocante de tener la inflación como parte del proceso de ajuste.

Teniendo en cuenta la regulación del comercio internacional, la forma realista de aplicar un impuesto de ajuste en frontera en los Estados Unidos es usando el sistema del IVA. Esto dará grandes incentivos a las exportaciones y grandes desventajas a las importaciones.

Si se escoge el modelo de cambio de regimen tributario, podemos esperar una apreciación del dólar, así como presiones inflacionarias al interior de los Estados Unidos. En caso de que haya ligeras desviaciones de este modelo, podemos esperar que el mecanismo de solución de controversiad de la OMC tenga mucho trabajo a lo largo de los próximos años.siete

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